Volumen I — historias de boca en boca
Cada ciudad guarda historias que pasan de boca en boca. Algunas ocurrieron hace décadas; otras les sucedieron a personas que todavía buscan una explicación. Este es un espacio para compartirlas, leerlas y conservarlas en la memoria de Medellín.

cartas sin remitente
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Casas y edificios antiguos · N.º 017
«Yo también quiero jugar»: el relato de la antigua Casa Blanca
En el barrio Prado, entre las casonas que conservan la arquitectura de otra época, hay una construcción conocida como la antigua Casa Blanca. Sus corredores, patios y habitaciones han sido escenario de historias que los vecinos cuentan desde hace décadas. Una de las más inquietantes fue relatada por Gregorio Henríquez, antropólogo y guía de recorridos por el barrio. Cuando era niño, Gregorio se encontraba jugando con una niña, nieta de uno de los propietarios de la casa. Todo transcurría con normalidad hasta que, en medio del juego, escucharon una voz infantil que dijo: «Yo también quiero jugar». El problema era que no había ningún otro niño con ellos. Según el relato recogido por El Colombiano, el susto fue tan grande que todos salieron corriendo. Pero esa no es la única historia asociada a la casa. Años después, durante una feria artesanal, una visitante contó que había seguido a un niño que caminaba hacia los baños de la parte trasera. Cuando llegó al lugar, no encontró a nadie. ¿Quién era aquel niño? ¿Una confusión, un recuerdo que se transformó con el tiempo o algo que nadie pudo explicar? No hay pruebas que permitan afirmar que ocurrió algo paranormal. Lo cierto es que esta historia sigue formando parte de los relatos que rodean a una de las casonas más conocidas del barrio Prado.
— Juanita · 11 de octubre de 2026
Leer la historia completaRelatos nocturnos · N.º 016
Las voces del antiguo manicomio de Aranjuez
En Aranjuez existe un edificio que guarda una historia muy distinta a la de las casas antiguas de Medellín. Antes de convertirse en un espacio cultural, allí funcionó el antiguo manicomio de Bermejal, una institución que abrió sus puertas en 1892 y funcionó hasta finales de la década de 1950. Entre las personas que pasaron por sus instalaciones estuvo el poeta antioqueño Epifanio Mejía. Con el paso de los años, el lugar empezó a aparecer en relatos sobre experiencias difíciles de explicar. Personas que han hablado sobre el edificio mencionan voces, sombras en los pasillos, puertas que se abren solas y ruidos en las escaleras. Uno de los relatos más inquietantes habla de sonidos que parecen provenir de espacios donde ya no hay nadie. Otros mencionan figuras que aparecen y desaparecen, especialmente en zonas interiores del antiguo edificio. Estas historias fueron recogidas en una crónica de El Tiempo a partir de testimonios y relatos recopilados por el antropólogo y escritor José Gregorio Henríquez. Sin embargo, no existen pruebas que permitan confirmar que los fenómenos descritos sean paranormales. Hoy, el antiguo manicomio forma parte de la memoria arquitectónica e histórica de Aranjuez. Sus relatos nos recuerdan que algunos lugares conservan algo más que sus paredes: también guardan las historias, los temores y los recuerdos que las personas han construido alrededor de ellos.
— Camilo Vargas · 11 de octubre de 2026
Leer la historia completaSucesos inexplicables · N.º 015
La Madremonte de las quebradas
Los arrieros que bajaban a la Villa de la Candelaria con carga de café hablaban de una mujer enorme, vestida de musgo y hojas, con un sombrero de ramas que le tapaba la cara. La llamaban la Madremonte. Se contaba que aparecía en las crecientes de las quebradas y que castigaba a quienes ensuciaban el agua, robaban ganado ajeno o dejaban a su familia por andar de fiesta. A los que se encontraba les enredaba el camino: daban vueltas toda la noche y amanecían en el mismo punto. Los abuelos decían que, al oír un bramido entre el monte, había que rezar y no mirar atrás.
— Tradición oral antioqueña · 10 de octubre de 2026
Leer la historia completaRelatos nocturnos · N.º 014
La Patasola del monte
En las fincas de las laderas que rodean el valle, los mayores advertían a los muchachos que no se quedaran solos en el monte después del atardecer. Allí andaba la Patasola: una mujer de una sola pierna que saltaba entre los árboles más rápido que cualquier caballo. Dicen que primero se presentaba hermosa, llamando por el nombre a los hombres que se perdían, y que cuando se le acercaban mostraba su verdadera cara. El remedio, según la tradición, era cruzar un río o un puente, porque el agua corriendo la detenía.
— Tradición oral antioqueña · 8 de octubre de 2026
Leer la historia completaSucesos inexplicables · N.º 013
El Hojarasquín
El Hojarasquín es el guardián del monte en las historias antioqueñas. Lo describían como un ser cubierto de hojas secas y musgo, tan quieto que se confundía con un tronco viejo. Los campesinos decían que protegía a los animales y que desorientaba a los cazadores que mataban por gusto. Al que le faltaba al bosque, lo hacía caminar en círculos hasta el amanecer. Al que llegaba con respeto, dicen, lo dejaba pasar sin que se diera cuenta.
— Tradición oral antioqueña · 6 de octubre de 2026
Leer la historia completaRelatos nocturnos · N.º 012
La Llorona del río
Antes de que el río Medellín se canalizara, sus orillas eran oscuras y llenas de matorrales. Las lavanderas y los areneros contaban que, en noches de luna, se escuchaba un llanto largo que bajaba con el agua: "¡Ay, mis hijos!". Era la Llorona, una mujer de blanco que buscaba sin descanso a los hijos que había perdido en el río. Se decía que su llanto sonaba lejos cuando estaba cerca y cerca cuando estaba lejos. Las madres recogían a los niños temprano para que no se la encontraran.
— Tradición oral antioqueña · 4 de octubre de 2026
Leer la historia completaOtros relatos · N.º 011
El Ánima Sola
En muchas casas antioqueñas había un cuadro del Ánima Sola: una mujer entre llamas, con cadenas rotas y la mirada hacia el cielo. Las abuelas le rezaban los lunes y le prendían una vela para que ayudara a encontrar cosas perdidas. La tradición decía que era el alma más abandonada del purgatorio, la que nadie recordaba. Por eso, quien le rezaba hacía un acto de compañía. Y quien le prometía algo y no cumplía, contaban, empezaba a escuchar pasos por la casa.
— Tradición oral antioqueña · 2 de octubre de 2026
Leer la historia completaHistorias de carretera · N.º 010
El Judío Errante
Por los caminos de herradura de Antioquia se contaba la historia de un hombre alto, de barba larga y ropa vieja, que caminaba sin detenerse nunca. Lo llamaban el Judío Errante. Los arrieros decían que pasaba de noche junto a los fogones, saludaba con la cabeza y seguía andando. Si alguien lo invitaba a sentarse, respondía que no podía, que tenía que seguir. Su paso, decían, dejaba el camino frío por un buen rato.
— Tradición oral antioqueña · 30 de septiembre de 2026
Leer la historia completaRelatos nocturnos · N.º 009
La Candileja
En las noches sin luna, en las mangas de las afueras del valle, la gente veía bolas de fuego que corrían a ras del suelo. Las llamaban la candileja. Las abuelas explicaban que eran almas en pena que pagaban sus faltas iluminando caminos. A los borrachos y a los que andaban en malos pasos, decían, los perseguía hasta su casa. El consejo era quedarse quieto, rezar un credo y no correr.
— Tradición oral antioqueña · 28 de septiembre de 2026
Leer la historia completaRelatos nocturnos · N.º 008
El Pollo Maligno
Los cazadores de las montañas antioqueñas hablaban de un ave enorme que piaba como un pollito perdido en lo más espeso del bosque. Quien seguía el sonido terminaba cada vez más adentro, sin saber volver. Era el Pollo Maligno, decían. Se lo nombraba para que los muchachos no se adentraran solos en el monte, y para recordar que no todo lo que llama pidiendo ayuda es lo que parece.
— Tradición oral antioqueña · 25 de septiembre de 2026
Leer la historia completaHistorias de barrio · N.º 007
La mula de tres patas
En los barrios de casas de tapia, cuando las calles todavía eran de tierra, se escuchaba a medianoche un trote raro: tres golpes y un silencio, tres golpes y un silencio. Los viejos decían que era la mula de tres patas, que echaba chispas por los cascos y bufaba frente a las puertas de las casas donde había peleas o mentiras. Nadie la veía de frente; solo quedaba el sonido alejándose calle abajo.
— Tradición oral antioqueña · 23 de septiembre de 2026
Leer la historia completaRelatos nocturnos · N.º 006
El Sombrerón
En las fondas y cantinas de los pueblos antioqueños se contaba del Sombrerón: un jinete en caballo negro, con un sombrero tan grande que no se le veía la cara, acompañado de dos perros amarrados con cadenas. Decían que perseguía a los jugadores tramposos, a los borrachos pendencieros y a los que maltrataban a su familia. Les tiraba el sombrero encima y, cuando despertaban, estaban tirados en la calle sin recordar nada.
— Tradición oral antioqueña · 21 de septiembre de 2026
Leer la historia completaHistorias de barrio · N.º 005
El tranvía de la noche
Medellín tuvo tranvía en la primera mitad del siglo XX, y varias de sus rutas subían hacia el oriente de la ciudad. Muchos años después de que dejara de funcionar, algunos vecinos mayores contaban que, en ciertas madrugadas, se oía todavía la campanilla y el chirrido de las ruedas sobre los rieles. Nadie lo veía. Solo el sonido, pasando despacio, como si el tranvía siguiera haciendo su último recorrido.
— Tradición oral antioqueña · 19 de septiembre de 2026
Leer la historia completaCasas y edificios antiguos · N.º 004
La casa de los relojes
Se cuenta en el centro de la ciudad de una casa antigua de dos pisos donde vivió un relojero. Cuando murió, la familia vendió sus relojes, pero los vecinos aseguraban que a las doce en punto se escuchaban todavía decenas de campanadas desde adentro. La casa cambió de dueños varias veces. Unos decían que era el viento en los techos; otros, que el relojero seguía dando cuerda a su trabajo.
— Tradición oral antioqueña · 17 de septiembre de 2026
Leer la historia completaCasas y edificios antiguos · N.º 003
La señora del balcón de Prado
Prado fue uno de los barrios más elegantes de Medellín, con casonas de balcones y jardines. Entre los vecinos se repetía la historia de una señora vestida a la antigua que se asomaba al balcón de una de esas casas al caer la tarde. Los que la veían decían que miraba la calle como esperando a alguien. Cuando se acercaban a saludar, el balcón estaba vacío y las ventanas, cerradas desde hacía años.
— Tradición oral antioqueña · 15 de septiembre de 2026
Leer la historia completaHistorias de carretera · N.º 002
La curva del muerto
En las carreteras que bajan hacia el valle por las montañas, varios conductores han contado historias de una curva donde alguien les hace señas para que paren. Unos hablan de un hombre con ruana; otros, de una muchacha que pide que la lleven al pueblo. La historia siempre termina igual: el pasajero desaparece del asiento antes de llegar, y en el pueblo alguien les cuenta que allí, en esa curva, hubo un accidente hace muchos años.
— Tradición oral antioqueña · 13 de septiembre de 2026
Leer la historia completaOtros relatos · N.º 001
El duende de la cocina
En las casas viejas de bahareque, las abuelas antioqueñas culpaban al duende de casi todo: de las cucharas perdidas, de la leche que se regaba y de las trenzas enredadas de las niñas. Decían que le gustaba la música y que se asustaba con la ropa al revés. Para que dejara en paz la casa, se le dejaba un poquito de dulce en un rincón de la cocina. Muchos nietos aún recuerdan esa costumbre.
— Tradición oral antioqueña · 11 de septiembre de 2026
Leer la historia completaLos relatos publicados corresponden a experiencias, testimonios y narraciones compartidas por sus autores. Su publicación no implica que todos los hechos hayan sido verificados.
Las historias también hacen parte de la memoria de una ciudad. Gracias por ayudarnos a conservarlas.
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